Quesos, qué maravilla, en casa siempre nos ha gustado mucho el queso, en la nevera no faltan nunca y cuando salgo de viaje, una de las aficiones que he practicado ha sido la de probar los quesos de la zona donde iba. Algunas experiencias son imborrables, porque quedan grabadas en la memoria gustativa, olfativa y a veces te recuerdan el lugar, unas personas, un tiempo.

Una de ellas fue con el queso alemán Esrom, es delicioso, con un olor fortísimo, pero tiene un sabor muy delicado. Yo estaba de viaje en Berlín en la feria de turismo de la ciudad, la ITB y para volver a casa compré un buen trozo de aquel queso, desconocido, sabroso y con mucho aroma. No os tengo que decir como eran las quejas de los compañeros, «que llevas ahí» «Le hubieras podido poner dos bolsas para que no huela» «Ya las lleva», en el hotel, en el taxi hasta el aeropuerto, al recuperar la maleta al aeropuerto de Alicante y en todo el viaje de vuelta hasta llegar a casa. Después la cosa continúa en la nevera, cada vez que la abres, es esa sensación de: «algo se ha hecho malo, ah no, es el queso». También me pasó el mismo con un Cabrales de Asturias, aquí fue similar, pero prescindiendo del avión, digamos que fue un largo viaje en coche muy aromatizado. El olor del Cabrales es más fuerte que el del Esrom, que ya es decir, aquella sensación al abrir la nevera no se me olvidará nunca. Recuerdo que nos costaba de comer mucho por el sabor tan fuerte que tiene y mi hijo Andreu, con tres añitos se lo acabó, cosa que, después de quince días con la nevera oliendo mal, agradecimos mucho. A veces el paladar nos sorprende, hoy no es capaz de comer tanta cantidad de cabrales como aquellas veces hacía. Supongo que se lo pediría el cuerpo.

No es que seamos entendidos en quesos, que no lo somos, pero si nos tuvieron que medir por lo que nos gusta el queso, está claro que dirían que somos verdaderos expertos. Pensado y hecho, con el confinamiento, decidimos hacer una cata de los quesos que nos pueden traer a casa y que fueran de productores de proximidad, una para disfrutar, la otra para conocer las cosas que algunas familias producen en el territorio y la otra por ganas de formar parte de esta fuerza que impulsa la economía local. Porque esto de disfrutar comiendo y a la vez contribuir a fortalecer la economía local, tiene un doble efecto que está muy bien, es como redondear una buena comida.

 

Vamos al grano, cuatro quesos, un fresco y el otro semicurado, de vaca del marjal de Gandia, otro de cabra de Quatretonda con sesenta días de curación y un queso añejo de oveja de la Vall d’Uixó.
Cómo en toda buen asunto gastronómico, la presentación cuenta, porque también se come con los ojos e intentamos hacer una presentación agradable, nada ostentosa y rápida de preparar, sobre todo por no hacer trabajo de más.

Para combinar con el queso, pusimos variadas opciones, con diversidad de sabores, unas rosquilletas del horno de la calle de atrás, unas de harina de espelta integral y las otras de harina blanca, “olives chafades” hechas en casa con pebrella y agua de mar, nueces, almendras y nísperos, dolces, acabados de coger del arbol. Unas cebolletas cocidas unos minutos a la parrilla y unas anchoas compradas en la pescadería de la esquina, pescadas hacía horas, hechas en casa y marinadas solo dos horas con una mezcla de azúcar y sal a partes iguales.

Una mezcla de dulce y salado que funcionó bastante bien. Nos recordó el agridulce asiático.

 

Queso fresco, anchoa y cebolla, esta combinación sabíamos que funcionaba. Lo comprobamos una vez más.

 

Dejamos para el final el de oveja, me recordó al parmesano por la manera en que se rompía. También tiene un sabor potente como aquel, aunque son diferentes, claro.

Acabamos con unas albóndigas, como las que hacemos para la paella, con piñones y perejil. Por casa tenía un Albakar, viognier hecho en Planes por “cup de la montaña”. Un gran vino, aunque me gusta mucho más el natural, pero no me quedaba. El natural es muy aromático, floral, con regusto de especies orientales, para mi excelso.
También en días posteriores he probado el de oveja y el de vaca semicurado calientes y están de vicio.
“Amb no res passem”.

 

 

Con la pretensión de promocionar las ventas de estos ganaderos
y facilitaros la compra de sus productos os dejo el link a la tienda online
 https://www.tastadiania.com/

comprar quesos valencianos

Os dejo unas fotos de los productores

Carles Bataller, el último Vaquero.

 

Los productores de los quesos de Quatretonda