Esta es una historia, que como ocurre con muchos emprendedores, se conoce poco, pero, es auténtica y sorprendente. Pocas veces se cuentan historias como ésta, la de Pepe Escrivà  y el Molí Canyar. Un hostelero íntegro, sacrificado, hecho a sí mismo y apasionado por su  trabajo, con 64 años de edad  y con la ilusión de un hombre de 22 años. Sencillamente admirable.
Un cocinero honesto y sencillo, al que le divierte cocinar. Siempre apoyado por su mujer, Ángela y por un equipo humano que está con él desde hace años.

¿Como empezaste en la hostelería?
Empecé con 25 años, de camarero  en el Nolasco, donde también hice mis primeros pinitos de cocinero. Después monté la cafetería restaurante Morera en Gandia frente al hospital.

El Molí Canyar cuando se cruza en tu camino?
Fue precisamente en el Morera, comentando con un cliente y amigo, Jesús, panadero de la Font d’en Carròs, sobre lo bonitos que son los molinos de la zona y lo interesantes que son para montar un negocio hostelero. Hablamos del  Molí Canyar y el Molí Canyisset.

A mí siempre me gustaron las casas grandes de campo,  las masías. Y un día, con mi mujer, entramos por detrás al Moli Canyar con la idea de ver la propiedad para adquirirla. Estaba muy derruido, con muy mala pinta. Tanto que, Ángela, al verme ilusionado,  se planteó si realmente yo estaba bien de la cabeza.
Subí al piso de arriba y vi que estaba lleno de pallús  y entonces yo no sabía para que era pero ahora sé que era para combustible.

Hablamos con el dueño y quedamos con un precio cerrado por la propiedad. Nos dimos la mano y cerramos el trato. Pero aquí empieza la historia. El dueño se iba de vacaciones un mes y al volver quedamos en ir a notaría a formalizar la compraventa.
Pero yo, consumido por la ansiedad, al día siguiente ya me puse manos  la obra y junto a unos amigos nos pusimos a segar las zarzas, cañaverales  y toda la maleza que invadía la construcción y todo el área. Entrábamos por detrás, ya que la puerta delantera estaba cerrada con candado, e íbamos haciendo trabajos de limpieza en el interior  y se produjo una anécdota.
Se detuvo la guardia civil y nos preguntó por nuestra ocupación en el sitio, a lo que respondí que era el propietario y que estábamos arreglando el Molí. Nos pidió la documentación y al ver el mercedes aparcado en la puerta, pensó que era posible. Por suerte no nos pidió entrar, ya que el candado, del cual no teníamos llave, lo impedía. Al irse la guardia civil, cambié el candado.


Realmente no era tuyo todavía
No, después de 20 días  y todo limpio, me senté un día afuera a mirar la construcción y pensé: ahora como voy a construir y restaurar el edificio?  Pues tan solo disponía del dinero justo para pagar la compraventa, pero no para la construcción.
Pregunto al arquitecto el coste de hacer el tejado, ya que entraba el agua por todo. El presupuesto 4 millones. Y pienso haré esto y entregaré al dueño 7, 5 M y el resto lo pago a plazos. Seguidamente hablo con el constructor y me explica que las casas se hacen de abajo a arriba y no al revés. Hay que hacer suelo, planché, primer piso, sunchos y después el tejado. Con lo que el presupuesto subía un el doble del dinero del que disponía.
Las preguntas que me vinieron a la mente eran bastante deducibles. Como pago el doble de lo que tengo. Algo falla aquí

¿Y que hiciste?
Pues nada, pensé, hablo con el banco y que lo financie. Pero el banco se niega, y entonces pensé en la propuesta de pagarlo a plazos al dueño, pagándole mensualidades hasta que el banco me financie y poder pagarle el restante.
A todo eso, llega el dueño de vacaciones y quedamos en Gandia, en la gestoría, para formalizar el trato. El dueño llegó con dos horas de retraso y cuando llegó su rostro reflejaba más que asombro, pasmo, estaba con el rostro blanco. Y me pregunta : que ha pasado en el Molí.

Yo pensé, “este señor no quiere vender”, por la cara que hacía y pensé “ahora que hago si se echa atrás”. Y pensando lo peor, anticipándome a que me dijera nada, le explico lo sucedido. A lo que contesta que viene del Molí, que no hace falta que le cuente lo que ha pasado, “en la vida m’he emportat un impacte tan gran com m’he emportat hui. Que ha passa’t ahí. Hi ha gent treballant allí i això es propietat meua”
“Bueno, lo que ha ocurrido es que me he anticipado un poco y he empazado antes de lo debido, pero mi palabra es lo que vale y te lo quiero comprar. Lo que ocurre es que ahora si te pago todo a  ti. No puedo construir. Y la propuesta es que te voy pagando una mensualidad y cuando termine de construir escrituramos”.
Y aceptó, pues el bien estaba a su nombre, así que todas las ventajas eran para el propietario. Mientras estábamos construyendo empezó a venir gente con demandas de celebraciones de boda. Con todo, la inauguración se hizo y la propiedad todavía no era mía. Finalmente el banco me concedió el préstamo  y procedimos a hacer la escritura, pero quedaba salvar el último problema, la herencia era de siete hermanos y no estaba hecha, por suerte, en breve, y como eran buenas personas, escrituramos y aquí empezó todo. En una semana se hizo la compraventa.

Estamos hablando de un edificio histórico protegido
Lo único que está protegido es la fachada. La maquinaria no se protegió, fue iniciativa nuestra y fue un acierto. Yo me pase muchas horas para salvar esta maquinaria porque a mí me gustaba mucho.

¿Esto era un molino de arroz?
Esto empezó siendo un molino de harina sobre el año 1500 y a principios de siglo pasado se convirtió en molino de arroz. El molino antiguo se movía con la energía hidráulica, por debajo pasa una acequia, cuya corriente de agua movía el molino.

Una vez restaurado comienza a funcionar el negocio
En principio fue un éxito, pues la demanda era elevada. El primer año hicimos 40 bodas. Empezamos con el salón del primer piso, hicimos otro salón con capacidad  para 250 personas. En un año hicimos la Jaima con capacidad para 350 personas, pues entonces, sobre el año 2000 las bodas eran de 300 o 350 personas. Hoy ya no son tan numerosas. Ahora hace 20 años que abrimos. Este año se han cumplido 20 años  de la apertura.
Yo empecé aquí de maitre, pero al ver que la cocina fallaba y mi pasión siempre fue la cocina, empecé a cocinar y me puse al frente.
En pocos años empezamos con una nueva actividad, el catering, y hoy en día continuamos con ello. Es un mercado que crece. 

Fotografia de bodas Tavernes

¿Y qué formación tuviste?
A mí me gusta tanto que solo mirando y comiendo en restaurantes  voy aprendiendo. Soy muy autodidacta. Me gusta mucho la cocina. A mí lo que me gustaría es ser más joven para estudiar. Me formo mucho por internet y experimentando por mí mismo..

Moli Canyar saloes de boda Gandia (20)

Y llevar un buque como este debe costar lo suyo
Esta semana pasada hicimos más de 2000 personas en el Molí. Claro aquí no se puede hacer una cocina demasiado sofisticada, pues lleva muchísimo trabajo. Necesitaría un equipo de trabajo enorme y sería, bajo mi punto de vista antirentable. Aquí hacemos una cocina más tradicional, actualizada, puesta al día .
Aquí el mantenimiento es muy costoso, jardines, luz, agua, limpieza, etc…

Un consejo para un nuevo emprendedor
Ahora es complicado. Los márgenes son muy reducidos. No es tan fácil como parece.  Con la crisis los precios están muy ajustados.  Hay que hacer muchas horas y acertar con los clientes y tener respaldo financiero. Todo tiene su riesgo, hay que tener suerte pero la suerte viene si hay sacrificio. Sobre todo hacer muchas horas y sentir pasión por lo que haces.

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Moli Canyar saloes de boda Gandia (42)

Un sueño de futuro
 Yo soy feliz aquí. Si me tocara la lotería, lo invertiría aquí. Disfruto regando el jardín. Me gustaría reformar toda la cocina y hacerla a mi gusto. Cambiaría el mobiliario, cambiaría los suelos. Yo continuaría con este proyecto, con el Molí.
Imagínate que lo vendiera, creo que me aburriría mucho. A parte yo me siento joven y todavía tengo ganas de hacer cosas.
Me gustaría tener más tiempo para cocinar, aprender. Aprender cosas nuevas.  El mundo de la cocina es enorme.

Moli Canyar saloes de boda Gandia (30)